miércoles, marzo 26, 2008

Velada de las aves


Sucedía en la madrugada, todo quieto e iluminado por la claridad de la noche: un paraje amplio y deshabitado. Las aves estaban en un tren, no sé si dentro o fuera de un vagón. No sé si quieto o en movimiento. Sé que esperaban algo del horizonte. Quietas, todo su ser atento, aguardaban que de la noche, allá, en la distancia, emergiera su propia voz. Esa, la voz que ellas no podían emitir, la que venía de otro sitio, era una especie de alba, una forma de resurección, y sin embargo se escondía en lo remoto, en el horizonte, fuera de su alcance. Una vez que la escucharan todo sería posible: el vuelo, la somnolencia, la caída en picada, la libertad. lf.

domingo, marzo 23, 2008

La luna en México





Será que el viento frío no se marcha, que México suena a promesa, que estoy harta de ser tan blanca, que tengo hambre de chile y tortilla en comal, que la voz de mi sangre me llama. Será, como dicen las abuelas "el sereno" que esta luna vista desde México me parece la más hermosa.lf.

Fotografía de Alfredo Domínguez en La Jornada http://www.jornada.unam.mx/2008/03/22/lunag.html.

sábado, marzo 22, 2008

Orison

Let me rest in the midst of this night
my sight in it's own darkness
until the song of the hummingbird
turns into a sunbeam on my cheek.
Let me linger in the weight of my own unconsciousness,
falling down into de silence of an open mouth
until a meaning rises out of ashes.

Give me the gift of stasis
an open book with blank pages
and a melody.
Let me, oh let me wonder as in childhood
if we would notice if God stopped time...
empty of my own self. lf.

jueves, marzo 20, 2008

Diario de viaje, Lisboa 17/03/08 Muda de vida

Y antes de irnos Alfama con su sol dorado
la vista de los tejados y el río
una promesa de volver
y la ciudad entera que susurra:

miércoles, marzo 19, 2008

Diario de viaje, Lisboa 16/03/08, Media Maratona




Nos levantamos temprano. Comimos granos de café cubiertos de chocolate y nos sumergimos en el metro. Para llegar a la línea de salida fue necesario recorrer media línea bajo tierra y luego un tren. Yo soy incapaz de correr de aquí a la esquina sin caerme tres veces, sin embargo el último año en la piscina me ha enseñado el placer de sentir el cuerpo sencillamente siendo, transformándose en movimiento, libre del resto de lo que somos. Correr, según he podido apreciar como acompañante, tiene, además del puro placer del cuerpo, el atractivo de las rutas y su paisaje. La de la Media Maratona de Lisboa ofrece, además de la belleza propia de la ciudad, la oportunidad de cruzar a pie el Puente Antiguo, siendo el día de la carrera la única ocasión en la que el rojo coloso de metal puede atravesarse a pie. Un calambre tempranero nos detuvo a medio camino e incluso nos hizo dudar, sin embargo al final S. se echó a trotar entre una muchedumbre de Lisboetas entusiastas para ganar buen sitio cerca de la línea de salida. Yo tomé el tren de regreso, luego el metro y otro tren para llegar hasta la meta y, por increíble que parezca, en el último trayecto pude observar desde mi vagón, cómo S. corría en la calle paralela. Nos reencontramos frente al monumento de los descubrimientos, compartimos un helado de menta y celebramos el resto de la tarde y de la noche andando por la ciudad, bebiendo porto, dedicándonos a la delicia de estar en Lisboa. lf.

lunes, marzo 17, 2008

Diario de viaje, Lisboa 15/03/08 Oceanario



Papá tiene un montón de aventuras que contar sobre su época de marinero: la ocasión en la que arreglando un instrumento que recogía agua de ciertas profundidades fueron vigilados por tiburones hasta que muy cerca de ellos pasó uno cuyo ojo era, cito las palabras de mi padre "tan grande como un plato"; o aquella vez en la que pescando abulones salió de entre unas rocas una morena gigante; o aquel sitio cuya agua estaba tan cargada de tierra que no podían ver los tubos amarillos del tanque sino estaban pegados contra el plástico de sus goglets. Criada en el centro de México, teniendo el mar tan lejos y visitado una vez cada muchos años, estas historias eran a la vez el recuerdo y la promesa de un mundo mucho más vasto que el plácido azul de la piscina. El segundo día de viaje lo dedicamos a visitar el Oceanario de Lisboa: una auténtica maravilla arquitectónica, una escultura de cristal y metal al pie del agua viva y palpitante por dentro. Cualquier intento por describir la experiencia de esa visita será insuficiente, valga sólo decir que ahora comprendo de otra forma la pasión de mi padre por el mar y guardo mi propio asombro para las noches de insomnio que ahora tendrán por compañía seres, colores y movimientos de ese otro mundo. lf.


Diario de viaje, Lisboa 14/03/08


Cerramos la puerta del piso. Volamos. Escapamos. De pronto estamos ya en Lisboa, sin noche de tren intermedio ni desayuno a lo largo del río. La Plaza del Rossío ondula sus aguas falsas y reales, la gente bebe, a plena luz del día, un caballito de ginginha, la luz sigue siendo ese sueño luminoso que temía haber idealizado. Llegamos a la misma pensión, y nos sentimos en casa. La Pastelaria Nacional nos recibe también con un plato de lujo: una especie de molde que tiene una capa inferior de papas asadas (con todo y cáscara), otra capa de cebolla y ajo, todo coronado con el mejor bacalao del mundo. La tarde pasa rápidamente, sabe a sal y humedad, nos duerme el arrullo de la gente que sale del teatro y pasa por las puertas de Santo Antão. lf.